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DEVIL WEARS BABY



Una crítica que se le hace comúnmente al Lolita, y a la moda en general, es que se trata sólo de consumismo. Muchas se defienden de esto afirmando que el Lolita les ha traído experiencias, amigos y placeres nuevos. Es un hobbie, algo que te distrae e incluso algo que te completa. Pero a veces surge en las comunidades el “drama” que en sus comienzos era debido a los desacuerdos en cuanto a la ideología y hoy en día es en cuanto a la estética, la calidad de los materiales y sí, también la marca.



Ejemplo de esto es la discusión acerca de si Bodyline es una marca verdadera o no, el mito de la Brandwhore y la existencia de ciertos artículos “legendarios” (prints, muñecos, logos) en el Lolita que se supone que todos quieren y que a veces funcionan más como un trofeo que como ropa o forma de expresión. ¿Cuándo el Lolita se convierte en simple producto y deja de ser el arte que se supone que es? ¿Y cómo evitar caer en esta “perversión” del propósito original de la moda?

Para empezar, tendríamos que preguntarnos “¿hago mi estilo o compro mi estilo?” Es decir, ¿simplemente consumo la estética prefabricada de una marca en vez de construir mi propia estética? Claro, la ropa es un producto, pero el uso que le damos a ese producto debería ser lo que defina su valor, no el precio ni el logo de la etiqueta.

Si tenemos una marca favorita deberíamos disfrutar el tenerla, no por su precio, sino porque apreciamos los detalles, la calidad, el diseño. Comprar arte sólo para exhibir riqueza es un desperdicio de su potencial real. Aún así hay personas que compran obras de arte sin comprender su historia ni su valor simbólico como forma de expresión. El Lolita tiene su origen en unas ideas y unas necesidades culturales que, aunque no compartamos, deberíamos tratar de conocer. Podríamos simplemente apreciar la belleza de la moda, pero nos estaríamos perdiendo de una parte de su esencia.

A pesar de que el Lolita es una moda alternativa, sí hay mucho marketing y publicidad implicados en el proceso de compra/venta. Como con cualquier industria, hay oferta y demanda: Hay competencia.

A veces las marcas intentan acercarse a sus clientes para verlos más que como un objetivo comercial, pero somos nosotras quienes nos damos nuestro lugar dentro de la escena.

¿Cómo hago del Lolita algo más que sólo un producto que compro por el simple hecho de tener?

Participando. El concepto de coordinado en el Lolita nos indica que esto no es un arte para consumirse prefabricado sino que es un arte para crear. Lo que compramos en las tiendas es sólo la materia prima: Nuestras manos, nuestros gustos y nuestra imaginación deben ser nuestro instrumento para transformar y crear nuestro estilo.

Lo único que le da valor al Lolita es la persona que lo viste, lo que hace con la moda y cómo la hace sentir. La etiqueta tiene valor de coleccionista, en la reventa, pero el valor que le damos al coordinarlo proviene de nuestra creatividad al montarlo y de nuestras emociones al vestirlo.

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