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Carta al director: Asociación y comercio



Por Lenora Páramo.



Anoche leí la columna “Asociación Lolita, el fin de la revolución". Debo admitir que me sorprendí con lo que leía, y la verdad, es que estoy muy agradecida de que aun existan personas que van a la esencia del Lolita y no se quedan con detalles sin sentido. Por ello, quiero compartir mi opinión:

Éste tipo de conflictos que parecen importantes eran de esperarse porque, a mi parecer, ésto comenzó con las típicas controversias que las Lolitas nuevas buscan por internet: eso de que si es importante tener ropa de marca Lolita, si es mal visto usar réplicas o qué hay de malo en usar Bobyline. Sí, suena bastante banal, pero las primeras Lolitas no tenían tiendas de ropa más que su máquina de coser o aguja e hilo y su única preocupación era verse distintas ante la sociedad sin importar las críticas, porque eran las del “punk con encaje" como dice en la columna. Eso hasta que Angelic Pretty o Baby the Stars Shine Bright se volvieron la Coca Cola y la Pepsi del mundo Lolita, mientras que el idolatrado Mana se transformó lentamente en el payaso de Mc'Donnals, ellos se lo creyeron y sus consumidoras dijeron “amén". No estoy en contra de la comercialización, es válido que entreguen calidad y servicio, pero por allí surgió el problema. El Lolita trataba de ser la rebelión de rosas y sólo se ha vuelto en la copia exacta de la sociedad actual de la que intentamos apartarnos con la amplitud de nuestros pettis. Una moda lucrativa más (de allí mi raro ejemplo).

Hemos ido dejando de lado nuestra creatividad contestataria por seguir el print de moda y con ello los problemas de ego y envidias, así de banal se volvió la Asociación Lolita: la sensación que queda es que dejan a cargo a Misako Aoki con su libro de modas. Esa no es la solución de las comunidades Lolitas nacionales y extranjeras que buscan resolver problemas iguales y distintos de lo que enfrentan las Lolitas de Chile, porque de donde surge el conflicto es el mismo lugar en el que surge la solución (me refiero a que muchas veces no necesitan de organizaciones anexas para encontrar soluciones, y por el momento no conozco ningún caso).

Si bien, entendí que la Asociación Lolita fue creada para acercar las realidades lolitenses de un país y otro, hoy en día la asociación no parece tener el peso y la consistencia de su comienzo, sólo se ha transformado en un elefante blanco para quienes participan e informan en ésta asociación, también debo recalcar que sus participantes no reciben nada a cambio por prestar su tiempo, pues lo hacen por amor al Lolita.

Personalmente, no sabía de la Asociación Lolita hasta hace tres meses aproximadamente y mucho menos sabía de cómo eligieron a la embajadora kawaii, hasta que un conocido se postuló al cargo, allí comencé a comprender los «movimientos» que hacen para elegir y cómo se organizan. Sinceramente, con o sin Asociación, la información del mundo Lolita llega a uno igual, ya sea por las comunidades, blogs o por interés propio y continuaremos viendo cómo otras comunidades nacionales e internacionales forman y solucionan sus problemas.

La Asociación Lolita en sí no es mala, sólo que ya está más que claro que en donde hayan personas existirán los conflictos, las críticas y los chismes. Basta con que veamos las noticias de la edición central para darnos cuenta de que la situación país y nuestro mundo de ensueños tienen mucho en común... Los motivos principales se bifurcan en detalles insignificantes.

Agradeciendo su tiempo, Lenora Páramo.

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